El año 2024 se registraron en el mercado residencial casi 642.000 compraventas, más de 1.750 al día, cifra que supone el tercer mayor registro de la serie histórica y el segundo si se excluye el periodo anterior al estallido de la burbuja financiera e inmobiliaria de 2007. Este dinamismo va en paralelo a una imponente subida de precios, que sitúan la vivienda cerca de sus máximos históricos alcanzados en 2008, tras acumular una subida del 7% en los últimos doce meses y superior al 19% desde 2019. En este contexto, la gran pregunta es: ¿cómo es posible que se vendan tantas casas con los precios tan altos?
Conviene separar en dos tipos las razones: por un lado, las que tienen que ver con las cifras macroeconómicas de España, que goza de buenas previsiones, y, por otro, lo que tiene que ver con la psicología y el sentimiento de mercado, mucho más difícil de cuantificar, pero con incidencias en el mercado. Las primeras respaldan el gran dinamismo del mercado: la economía crece y seguirá creciendo (el PIB subió un 3,2% en 2024 y la previsión es que lo haga en un 2,4% en 2025), la inflación está controlada en el entorno del 2%-3%, las cifras de paro están en mínimos desde 2006, los afiliados a la Seguridad Social superan los 20 millones, el turismo registra cifras récord de visitantes extranjeros y el consumo se mantiene en números positivos.
Estos positivos datos ‘macro’ se apoyan también en la buena salud financiera de las familias, primer motor de que haya dinamismo en el mercado residencial: la tasa de ahorro alcanza el 14%, el doble que antes de la pandemia, y la renta bruta disponible en términos reales está un 10% por encima de finales de 2019. Todos estos factores han desembocado en un auténtico ‘boom’ en un mercado en estado «expansivo», tal y como lo ha descrito Judit Montoriol, economista jefe de la casa de análisis de CaixaBank, en sus últimos informes.